Oración vocacional Domingo IV

Exposición

Que la lengua humana cante este misterio:
la preciosa sangre y el precioso cuerpo.
Quien nación de Virgen, Rey del universo,
por salvar el mundo, dio su sangre en precio.

Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo
de una casta Virgen; y acabado el tiempo,
tras haber sembrado la Palabra al pueblo,
coronó su obra con prodigio excelso.

Inicio

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V/. -Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. -Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya 

Himno

Como una ofrenda de la tarde,
elevamos nuestra oración;
con el alzar de nuestras manos,
levantamos el corazón.


Al declinar la luz del día,
que recibimos como don,
con las alas de la plegaria,
levantamos el corazón.


Haz que la senda de la vida
la recorramos con amor
y, a cada paso del camino,
levantemos el corazón.


Cuando sembramos de esperanza,
cuando regamos con dolor,
con las gavillas en las manos,
levantemos el corazón.


Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

Primer Salmo

Ant: Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya. 

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies».
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora».

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec».

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso, levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Segundo Salmo

Ant: Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados 

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados

Cántico NT

Ant: Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya 

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya

Lectura Bíblica

Al mediodía, yendo de camino vi, majestad, una luz que venía del cielo, más resplandeciente que el sol, que me envolvió a mí y a mis compañeros en su resplandor. Caímos todos a tierra y pude oír una voz que me decía en lengua hebrea: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Yo respondí: “¿Quién eres, Señor?”. El Señor me dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, ponte en pie. Me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré. Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles a los que te envío, para que les abras los ojos, para que vuelvan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios, y para que reciban el perdón de los pecados y participen de la herencia de los santificados, mediante la fe en mí.”

V/. Nuestro Señor es grande y poderoso.

R/. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V/. Su sabiduría no tiene medida.

R/. Es grande y poderoso.

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/. Nuestro Señor es grande y poderoso.

Cántico Evangélico

Ant: Querían matar a Jesús, pero él se abrió paso entre ellos y se alejaba.

(se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Querían matar a Jesús, pero él se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Preces

Alegrándonos en el Señor, de quien viene todo don, digámosle que escuche nuestra oración:

  • Por el Seminario mayor y menor, para que el Señor siga llevando a buen puerto la obra que el comenzó en nosotros. 
  • Por nuestros formadores, para que, guiados por el ejemplo del Buen Pastor, nos conduzcan con celo y amor aquellos que les ha sido encomendados a cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas.
  • Por nuestras familias, los benefactores del Seminario, por todos aquellos que se encomiendan a nuestras oraciones, que el Señor les bendiga y les dé el ciento por uno. 
  • Por aquellas personas que empiezan a sentir los primeros signos de una llamada y caminar esos primeros pasos con un corazón generoso, para que Dios les de la valentía de decir sí al Señor.
  • Por todos los aquí presentes y aquellas personas que nos siguen a través de los medios, para que el Señor nos bendiga y colme nuestros deseos de estar con él. 
  • Rogamos en caridad, por el alma de Monseñor D. Juan del Río, en el aniversario de su partida a la Casa del Padre; para que Dios le reciba en su seno y brille para él la luz perpetua. 

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Final

Señor, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Ven Espíritu, ven

Ven Espíritu, ven
Y lléname, Señor
Con tu preciosa unción

Ven Espíritu ven
Y lléname, Señor
Con tu preciosa unción

Purifícame y lávame, renuévame
Restáurame, Señor, con tu poder
Purifícame y lávame, renuévame
Restáurame, Señor, te quiero conocer

De noche iremos de noche

De noche iremos, de noche
Que para encontrar la fuente
Sólo la sed nos alumbra
Sólo la sed nos alumbra.

Me has seducido Señor

Señor, no soy nada.
¿Por qué me has llamado?
Has pasado por mi puerta y bien sabes
Que soy pobre y soy débil
¿Por qué te has fijado en mí?

Me has seducido Señor
Con tu mirada
Me has hablado al corazón
Y me has querido
Es imposible conocerte y no amarte
Es imposible amarte y no seguirte
Me has seducido señor

Señor, yo te sigo, y quiero darte
Lo que pides, aunque a veces
Me cuesta darlo todo
Tú lo sabes, yo soy tuyo
Camina, Señor, junto a mí

Me has seducido Señor

Con tu mirada

Me has hablado al corazón

Y me has querido

Es imposible conocerte y no amarte

Es imposible amarte y no seguirte

Me has seducido señor

Señor, hoy tu nombre es más que palabras:

es tu voz que hoy resuena en mi interior,

y me habla en el silencio.

¿Qué quieres que haga por tí?

Incensación

Adorad postrados este Sacramento.
Cesa el viejo rito, se establece el nuevo.
Dudan los sentidos y el entendimiento:
que la fe lo supla con asentimiento.

Himnos de alabanza, bendición y obsequio;
por igual la gloria y el poder y el reino
al eterno Padre con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu que procede de ellos.
Amén.

Reserva

De rodillas, Señor, ante el sagrario
que guarda cuanto queda de amor y de unidad.
Venimos con las flores de un deseo
Para que nos las cambies en frutos de Verdad:

Cristo en todas las almas
y en el mundo la paz,
Cristo en todas las almas
y en el mundo la paz.

1 comentario de “Oración vocacional Domingo IV”

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